Cuatro historias del Catálogo de Messier

Catálogo de Messier

Charles Messier fue un distinguido astrónomo francés que, en el siglo XVIII, tuvo el privilegio de gozar de una larga vida que dedicó a la ciencia de la astronomía. Nacido el 26 de junio de 1730, murió 86 años después, el 12 de abril de 1817 (Charles Messier, s.f.a). Su relación con la astronomía pudo haber comenzado desde muy temprana edad, destacándose como cazador de cometas, su primera pasión.

En 1758, mientras buscaba uno de estos cuerpos errantes, Messier descubrió una pequeña nube de luz a un grado de Zeta <ζ> Tauri, la estrella que marca la punta del cuerno sur de Taurus, el toro.

[…] descubrí arriba del cuerno meridional y a poca distancia de la estrella ζ de esta constelación, una luz blanquecina, alargada, parecida a la llama de una vela, que no contenía estrellas. Esta luz era más o menos similar a la del cometa que observé entonces; sin embargo era un poco más viva, más blanca y un poco más alargada que el cometa, que siempre me había parecido que tenía una coma casi redonda, sin cola y sin barba. (Messier, 1771, p. 435)

A diferencia de un cometa, que por su naturaleza se mueve lentamente entre las estrellas, esta nubecilla no mostraba movimiento, sino que era fija como otros objetos similares descubiertos por varios astrónomos tiempo antes y de los cuales Messier tenía noticia.

Desde ese momento, además de sus continuas observaciones de cometas, Messier comenzó una búsqueda sistemática por los cielos de París, donde residía, para localizar objetos similares, con la intención de describir sus posiciones y ofrecer datos pertinentes sobre su apariencia.

Primera versión, 1774 (ed. 1771)

La primera versión de su hoy famoso catálogo fue publicada en 1774, en la revista Histoire de L’Académie Royale des Sciences. Anné M. DCCLXXI. Avec les Mémoires de Mathématique & de Physique, pour la même Année (Historia de la Academia Real de Ciencias, correspondiente al año 1771), bajo el título: “Catalogue des nébuleuses et des amas d’étoiles, que l’on découvre parmi les étoiles fixes, sur l’horizon de Paris. Observées à l’Observatoire de la Marine, avec differens instrumens” (Catálogo de nebulosas y de cúmulos de estrellas que uno descubre entre las estrellas fijas, sobre el horizonte de París. Observados desde el Observatorio de la Marina con diferentes instrumentos). En su introducción, fechada, al margen, el 16 de febrero de 1771, Messier explicaba:

Varios astrónomos han trabajado en la búsqueda de estrellas nebulosas, como Hevelius, Huygens, Derham, Halley, Cheseaux, el abad de Lacaille y, más recientemente, el Sr. Le Gentil. Otros astrónomos las han descubierto por casualidad o por trabajar en la determinación de la ubicación de las estrellas para preparar catálogos, u observando el curso de cometas. Varios de estos astrónomos sólo han indicado las constelaciones donde se encontraron sin dar las posiciones exactas y una descripción detallada.

Emprendí esta obra en 1764, mediante la observación de las que ya se conocían, o en la búsqueda de otras que habían escapado a los astrónomos desde la invención de los anteojos. Este trabajo, que ha sido largo y arduo, me lleva a entregar hoy a la Academia un catálogo más completo, más preciso y más detallado de las estrellas nebulosas, obra que quizás le faltaba a la astronomía. (Messier, 1771, p. 435)

Inmediatamente después de estos párrafos iniciales, Messier comienza de lleno a ofrecer una descripción bastante detallada de los objetos que había estudiado. Son 45 en total y están organizados cronológicamente, según la fecha de su observación. Inicialmente no les otorga un número para identificarlos y distinguirlos unos de otros, sino que cada párrafo corresponde a una nueva entrada (en pocos casos abarca más de una). La información que ofrece va desde la fecha en que realiza la observación (algunas veces también destaca las condiciones del cielo), la localización del objeto respecto a las estrellas más cercanas y la constelación donde ubica, la apariencia de la nebulosa o cúmulo de estrellas según mostraran varios instrumentos (anteojos, anteojos acromáticos y telescopios [ver explicación de estas distinciones más abajo]), datos sobre observaciones previas (si algún astrónomo las había ofrecido anteriormente), y concluye con el cálculo de la posición de cada objeto, dada en ascensión recta y declinación.

El catálogo comienza en la página 435 de la mencionada revista y se extiende hasta la 452, donde termina con la descripción de los objetos que corresponden a las entradas 44 y 45: el primero, hoy conocido como el Cúmulo del Pesebre (en latín, Praesepe, o en inglés, Beehive Cluster, la colmena), en Cáncer, y las Pléyades, en Taurus, respectivamente. A mitad de esa misma página, el autor introduce una sección adicional en la que ofrece datos de varios objetos que otros astrónomos habían descubierto y publicado previamente, pero que él no pudo encontrar tras numerosos intentos fallidos. Dicha sección lleva el subtítulo: “Nébuleuses decouvertes par differens Astronomes, et que j’ai chérché inutilement” (Nebulosas descubiertas por otros astrónomos y que yo busqué inútilmente). En ella, habla de ocho objetos descritos por el astrónomo polaco Johannes Hevelius en una obra de 1690 (Prodromus Astronomiae, publicada póstumamente por su esposa [Prodromus Astronomiae, s.f.b]), dos del abad Nicolas-Louis de Lacaille, compatriota contemporáneo de Messier (aunque muerto algunos años antes de publicarse el catálogo [Nicolas-Louis de Lacaille, s.f.]) y otro hallado por Giovanni Domenico Cassini, descubridor de la división de Cassini en los anillos del planeta Saturno, y reportado por su hijo, Jacques Cassini, otro contemporáneo de Messier, en la obra Éléments d’Astronomie (Elementos de astronomía), de 1740. En total, once objetos habían esquivado su detección.

Después de esta sección, Messier abrevia su catálogo mediante una tabla en la cual recoge, en columnas, la fecha de observación, la posición calculada para cada objeto, su diámetro aparente y un resumen de sus apreciaciones telescópicas. Finaliza la obra una descripción detallada de la nebulosa de Orión, que acompaña con un dibujo explicativo que, según dice, tiene el propósito de servir de registro para que futuros astrónomos puedan ver si ha habido algún cambio en el objeto. El catálogo termina en la página 461.

Segunda versión, 1783 (ed. 1780)

En ningún momento Messier y su amigo y asistente Pierre Méchain dejaron de observar el cielo y de buscar nuevos cometas y nebulosas (incluidas, en esos tiempos, bajo esta última categoría, las galaxias). Con el paso de los años, ambos continuaron las labores con la intención de expandir su catálogo eventualmente. Y, en efecto, en 1780, la obra recibía su segunda versión, esta vez incluida en la revista La Connoisssance des Temps, Pour l’Année comune 1783 (El Conocimiento de los Tiempos correspondiente al año 1783), misma publicación de la Academia Real de Ciencias con un cambio de nombre y de la cual el propio Méchain se convertiría en su editor unos años más tarde. Esta otra entrega contenía, además de los 45 objetos originales, 23 adicionales.

Bajo el título “Catalogue des nébuleuses et des amas d’étoiles, Observées à Paris, par M. Messier, à l’Observatoire de la Marine, hôtel de Clugni, rue des Mathurins” (Catálogo de nebulosas y de cúmulos de estrellas observados desde París por el Sr. Messier, desde el Observatorio de la Marina, hotel de Clugni, calle de los Mathurins), la obra comienza en la página 223 con una introducción en la que describe brevemente el trabajo original, para luego organizar, desde la segunda página en adelante, toda la información del primer catálogo en una tabla dividida en dos partes. En las páginas pares, ofrece la fecha en que realiza la observación; asigna, por primera vez, los números correspondientes a cada objeto (siguiendo el orden cronológico de la primera edición); da la posición en ascensión recta en dos formatos –en horas y grados– y declinación, e incluye, en algunos casos, la medida del diámetro, en grados y minutos. En las páginas impares, por su parte, repite el número correspondiente a cada objeto y recoge la descripción de cada uno de ellos de manera más detallada que en la tabla de la primera versión, pero sigue el mismo modelo. Esta extensa tabla va de la página 226 a la 249, y en total recoge 68 cúmulos y nebulosas.

En la página 250, vuelve a repetir los ocho objetos identificados por Hevelius, uno de Lacaille y otro de Cassini que nunca pudo recobrar, según hiciera en la primera versión. Esta vez, son diez los objetos eludidos, y nada se dice del undécimo, reclamado originalmente por Lacaille (este objeto resulta ser M55, ya finalmente recobrado por Messier posteriormente a la publicación de la primera versión del catálogo, y así reportado en la tabla que se presenta en esta segunda versión, más adelante).

A partir de la página 252, Messier incorpora una lista de objetos observados por Lacaille desde el hemisferio sur, sección que titula: “Nébuleuses du ciel austral, observée par M. l’abbé de la Caille, au cap de Bonne-espérance” (Nebulosas del cielo austral, observadas por el Sr. el abad de Lacaille, desde el Cabo de Buena Esperanza). Como bien menciona, esta lista había sido publicada en las Memorias de la Academia correspondientes al año 1755 (Histoire de l’Académie Royale des Sciences. Année M. DCCLV, publicada en 1761), página 194, y contenía 42 objetos (Lacaille, 1755), seis de los cuales ya incluía el catálogo de Messier: números 4, 6, 7, 8, 22 y 55.

Esta segunda versión del catálogo termina en la página 254.

Tercera versión, 1784 (ed. 1781)

La versión más completa del trabajo de Messier y Méchain es la que se publica en el año 1781, correspondiente a la edición de 1784 de la misma revista, Conocimiento de los Tiempos, de la Academia Real de Ciencias (Connoissance des Temps, ou Connoissance des Mouvemens Célestes, Pour l’Année bissextile 1784). Esta conserva la misma distribución de secciones de la versión anterior: divide la lista, primero hasta cubrir los 45 objetos originales de 1774; luego, continúa con las adiciones de la versión de 1783, que se extiende, como hemos dicho, hasta el objeto 68; para proseguir con la cuenta del 69 al 103, que completan el catálogo oficialmente. Para esta tercera versión, además de incorporar la información de los cuerpos nuevos, Messier hace algunas correcciones en las posiciones de varios objetos ofrecidos en la segunda versión del catálogo, al igual que añade detalles sobre observaciones hechas por él o Méchain posteriores a la publicación anterior.

Esta tercera versión del catálogo comienza en la página 227, con una introducción similar a la de 1783, en la que describe la obra y lo que se había hecho antes. A partir de la siguiente página y extendiéndose hasta la 267, se presenta el catálogo propiamente. En la página 268 vuelve a repetir la sección de objetos descritos por otros astrónomos, pero que Messier no pudo encontrar, y de la página 270 a la 272 reproduce, una vez más, la lista de objetos del hemisferio sur, de Lacaille.

En este momento, a Messier le llama la atención la cantidad de nebulosas que encuentra dentro de los límites de Virgo. Al respecto, añade una nota especial en la entrada del último objeto de esta constelación, el número 91:

Nota. La constelación de la Virgen, y sobre todo el ala boreal, es una de las constelaciones que encierran más nebulosas: este catálogo contiene trece determinadas: a saber, las n.os 49, 58, 59, 60, 61, 84, 85, 86, 87, 88, 89, 90 y 91. Todas estas nebulosas aparecen sin estrellas: solo se podrán ver bajo un buen cielo, y hacia su paso por el meridiano. La mayoría de estas nebulosas me fueron indicadas por M. Méchain. (Messier, 1784, p. 263)

Tal vez lo que le sorprenda, tanto a Messier como a cualquier astrónomo aficionado todavía hoy en día, sea la proximidad entre unos objetos y otros en esta región del cielo, al punto de ver más de uno en el mismo campo de visión de cualquier instrumento. Esto queda evidenciado en el hecho de que ocho de estas “nebulosas” (de M84 a M91, todas ellas galaxias) fueron descubiertas en una misma noche: el 18 de marzo de 1781. No obstante, de entre las 13 que menciona como pertenecientes a Virgo, hoy hay que excluir a M85 y M91, ambas localizadas en Coma Berenices. Sin embargo, hay que adjudicarle M104 —incorporada al catálogo póstumamente en el siglo 20—, que se localiza en el límite entre esta constelación y Corvus. Solo Sagitarius supera a Virgo en el número de objetos dentro de sus lindes, con un total de 15.

En resumen, puede decirse que esta edición del catálogo es la definitiva, por ser la primera que contiene los 103 objetos clásicos con sus datos y descripciones completas. Es por ello que también es la que se cita con más frecuencia.

Cuarta versión, 1787 (ed. 1784)

La cuarta y última versión del catálogo fue publicada en 1784 en la misma revista, en su edición correspondiente al año 1787 (Connoissance des Temps, ou Exposition du Mouvement des Astres, Pour l’Année commune 1787). En términos prácticos, más que una nueva versión, es solo una reimpresión de la tercera, con algunas diferencias menores —en su mayoría, de corte tipográfico y algunas notas al pie de página con referencias a la versión de 1784—. El único cambio sustancial puede ser que esta no lleva una introducción (ni siquiera breve), sino que inicia directamente con el modelo de la tabla y la cuenta desde el objeto número 1. (Lo que no sabemos es si esta ausencia se debe a una decisión de Messier o a razones editoriales).

Adiciones del siglo XX

En el siglo 20, algunos estudiosos del catálogo de Messier identificaron varios objetos adicionales que los colegas habrían observado en su tiempo, pero que, en ausencia de una versión posterior a la publicada en 1784 (edición de 1787), nunca dieron a conocer formalmente. No obstante, dada la evidencia encontrada, se  integraron a la lista que hoy conocemos y que completa los 110 objetos.

En 1921, Nicolas Camille Flammarion, un astrónomo francés, procedió a incluir el número 104, tras encontrar unas anotaciones de Messier en una copia de la versión del catálogo de 1783 que daban cuenta de este objeto. En 1947, Helen Sawyer Hogg, una destacada astrónoma canadiense, incorporó el 105, 106 y 107 tras hallar sus datos en cartas y escritos de Méchain. En 1953, Owen Jay Gingerich, un astrónomo estadounidense, hizo lo propio con el 108 y el 109, tras descubrir referencias a estos objetos en anotaciones hechas a mano por el propio Messier en una copia del catálogo que tenía para uso personal. En efecto, Messier menciona directamente a ambos objetos en sus anotaciones sobre el número 97: “Cerca de esta nebulosa hay otra, que no pudo ser de nuevo determinada, así como una tercera que está junto a γ de la gran Osa” (Messier, 1784, p. 265). Por último, Kenneth Glyn Jones, un astrónomo aficionado galés, agregó el 110 en 1966, al percatarse de que Messier tenía constancia de este objeto desde 1773 (SEDS, s.f.). En el artículo “Observations et dessin de la belle et grande Nébuleuse de la ceinture d’Andromède, la première qui fut découverte, et de deux petites nébuleuses, l’une au-dessus de la grande et la seconde au-dessous, vues dans une lunette qui renverse, comme est le dessin, Par C. Messier” (Observaciones y dibujo de la bella y grande nebulosa de la cintura de Andrómeda, la primera que fue descubierta, y de dos pequeñas nebulosas, una encima de la grande y la segunda debajo, vistas en un anteojo que invierte, como es el dibujo, por C. Messier), publicado en Mémoires de la classe des sciences mathématiques et physiques de l’Institut National de France, Premier Semestre de 1807 (Memorias de la clase de ciencias matemáticas y físicas del Instituto Nacional de Francia, primer semestre de 1807), páginas 206-213, el autor narra:

El 10 de agosto de 1773, examinando con atención, bajo un cielo perfectamente bueno y puro, la gran Nebulosa y la pequeña descubierta por el Sr. Le Gentil, con un excelente anteojo acromático de tres pies y medio de largo focal, 40 líneas de apertura, con tres lentes y un aumento de 68 veces, descubrí una pequeña nebulosa que hasta entonces no había notado; bien difícil de ver, diferente de aquella que el Sr. Le Gentil había descubierto. Se veía arriba de la grande, las tres se veían en el campo del anteojo, y más o menos sobre la misma línea el centro de las tres. Es sorprendente que esta no haya sido vista por el Sr. Le Gentil, ni por mí mientras trabajaba en mi catálogo de nebulosas. Tiene menos luz que aquella del Sr. Le Gentil, y es de suponer que si no había sido vista, sería que la luz de la gran nebulosa lo habría evitado. Para verla fue necesario tener la grande fuera del campo del anteojo. Capté su configuración con las otras dos. Fue reportada en mis anotaciones, añadida en otro momento para determinar su posición, que fue hecho en 1795. (Messier, 1807, p. 210)

Queda claro, en el artículo, que, indudablemente, Messier había descubierto esta galaxia durante el tiempo en que desarrolló su lista de nebulosas y cúmulos de estrellas, pero por alguna razón no la incluyó en alguna de las versiones del catálogo posteriores a la primera.

Sobre las traducciones

Introduzco, así, las traducciones al español que he completado de las cuatro versiones del catálogo de Messier descritas anteriormente y que fueran publicadas por la Real Academia de Ciencias francesa en un período de diez años, entre 1774 y 1784. Antes, debo señalar que no soy traductor —ni aficionado o profesional—, por lo que mis “adaptaciones” (tal vez, la mejor manera de referirme a ellas) seguramente se alejen, por mucho, del trabajo que haría un experto en la materia. Luego, debo indicar que mi conocimiento del francés se limita a la lengua contemporánea, mientras que estas cuatro versiones del catálogo, redactadas durante la segunda mitad del siglo XVIII, contienen una gran cantidad de rasgos que hoy podríamos describir como francés “antiguo” y al cual me enfrento por primera vez en esta ocasión. Espero, no obstante, que mi ignorancia de ese estadio de la lengua gala no me haya impedido acertar en la interpretación de estos aspectos arcaicos desconocidos por mí hasta esta fecha.

Tampoco pretendí hacer una traducción completamente moderna de los textos, sino que, por el contrario, tuve la intención de preservar, al menos en apariencia, el carácter antiguo de los originales y mantener un registro que, de alguna manera, reflejara una lengua histórica. Para ello, traté de conservar la traducción un tanto “literal” (es decir, sin modernizarla), por lo cual el lector encontrará que ciertas estructuras sintácticas y léxicas se alejan de lo que un hablante contemporáneo podría considerar el español actual. Como digo, esto ha sido a propósito, aunque espero que no resulte en un obstáculo para la comprensión del texto.

El primer ejemplo claro de esto es el uso del vocablo anteojo (lunette) frecuente en los escritos de Messier, para referirse a los telescopios refractores. Cuando utiliza la palabra telescopio solamente, se refiere, en cambio, al tipo de instrumento que contiene en su diseño elementos de reflexión (espejos), o telescopios reflectores.

He conservado, en todas las versiones, el uso de “M.” como abreviatura de “señor” o “don” en francés —monsieur—, en vez de aplicar su correspondencia en español (“Sr.” o “D.”, respectivamente). Esta decisión ha sido puramente caprichosa y no responde a algún uso en particular. Pretendo, con ello, que el lector sea consciente, durante su lectura, que consulta una obra originalmente en francés. Por otro lado, la presencia de signos de puntuación tampoco corresponde al uso de la ortografía española (ni a la francesa) moderna, sino que se colocan según aparecen directamente en los escritos originales. Esto se hace, nuevamente, con el propósito de conservar el carácter original de los textos, según aparecen en sus respectivas publicaciones.

Se identifica, en las traducciones, el número de las páginas originales en aquellas partes en que me parece prudente que haya algún tipo de registro sobre esto. Por ejemplo, para evitar que, en estas versiones digitales, el catálogo se convirtiera en una tabla larga e interminable, que, incluso, resultara más pesada de lo que sería conveniente al momento de servir la información, dividí la tabla según el contenido correspondiente a cada página impresa. Luego, para facilitar la lectura y mantener la debida secuencia, he recurrido a identificar el número de las páginas originales entre corchetes al comienzo de cada división. Así, si el lector deseara referirse a los originales, podrá localizar el contenido rápidamente. En este mismo sentido, si la descripción de un objeto en particular se extiende a otra página, he indicado entre corchetes dónde comienza el texto que corresponde a la página siguiente. Véase un ejemplo de esto último en la descripción de M5, en la tercera versión del catálogo.

Entre corchetes también he añadido algunas notas que me han parecido pertinentes. Por ejemplo, cuando la copia digital disponible de los originales no muestra una información que indudablemente contenía (porque quedó oculta o quedó fuera por alguna falta técnica durante el proceso de digitalización), he marcado esta omisión con un asterisco y he añadido,  entre corchetes y al pie de la sección de la tabla donde se presenta el problema, una explicación de lo que evidentemente sucedió. Si dicha información estaba presente en alguna otra versión, la he completado con esa fuente y lo he indicado en una nota correspondiente.

Resulta interesante, en términos históricos, el uso que se evidencia, en los escritos de Messier, de los nombres “afrancesados” de algunas constelaciones o estrellas en las descripciones de los objetos y que, en su traducción al español, he tratado de preservar en equivalencia. Por ejemplo, Messier usa Castor para referirse a la constelación de Gémini en varias ocasiones. Aunque para nosotros, Cástor es simplemente una estrella de dicha constelación (de hecho, nada más y nada menos que Alfa <α> Geminorum), hay que recordar que Gémini representa justamente a los gemelos Cástor y Pólux. Por ello, y en cierto sentido, la mitad de la constelación corresponde a Cástor, y la otra mitad, a Pólux. Cuando Messier menciona que M35, un cúmulo de estrellas en Gémini, está localizado cerca del pie izquierdo de Cástor (près du pied gauche de Castor), lo hace muy apropiadamente, pues dicho grupo está, justamente, del lado tradicionalmente adjudicado al gemelo Cástor. De manera similar, Messier describe a M34 como un cúmulo de estrellas que se encuentra entre la cabeza de Medusa y el pie izquierdo de Andrómeda (entre la tête de Méduse & le pied gauche d’Andromède). Medusa no es una constelación o asterismo antiguo, sino que es el área asociada y representada por la estrella Algol (Beta <β> Persei), en Perseo. Y para no inundar este escrito con relaciones de índole similar (que serían sumamente interesantes por demás), termino con el ejemplo de M94, una “nebulosa sin estrella, arriba o por encima del corazón de Carlos” (nébuleuse sans étoile, au-dessus du cœur de Charles). El corazón de Carlos es, simplemente, una traducción del latín Cor Caroli, que es el nombre que comúnmente lleva la estrella Alfa <α> Canum Venaticorum, la estrella principal de la constelación Canes Venatici, los Perros de caza.

Creo que, a grandes rasgos, estas son las características de los textos traducidos que presento en esta página. Finalizo por decir que los considere como primeras traducciones, crudas, sin corregir, y que por ello seguramente contengan algunas discrepancias respecto a los originales. Eventualmente, volveré sobre ellas  para corregir o mejorar cualquier tipo de incongruencia presente, a fin de que sus versiones “finales” sean lo más fieles posibles a los originales.

Acceda a las traducciones a continuación:

⇒ Primera versión, publicada en 1774, correspondiente a 1771

⇒ Segunda versión, publicada en 1780, correspondiente a 1783

⇒ Tercera versión, publicada en 1781, correspondiente a 1784

Cuarta versión, publicada en 1784, correspondiente a 1787

Referencias

Última revisión: 2023.12.09